¡Qué grande sos Gardel!
Recuerdos de madrugadas, vino barato, tango y vida. El universal Gardel siempre acompañando como una banda sonora momentos inolvidables, ya sea en el mismísimo Buenos Aires o Montevideo, en Zaragoza o Sebastopol. Da igual, nos pertenece a todos
Si he de elegir y siguiendo con las interminables discusiones gardelianas, decir que soy más de cambalache que de volver.
Ahora bien, después de oir esto ya no sé que decir más sobre el gran Carlos Gardel. Una jota por su sitio, arrabalera y milongera. Indescriptible.
Real Zaragoza

-"Estos a este paso se van a segunda ........"-
-"Yo ya lo decía al principio de temporada (!) ......"-
-"Como sigan así estos no suben ...... y encima desaparecen,....... no se les estaría mal"-
-"Como no saquen más puntos de ventaja y tengan que ir a Vallecas a jugárselo, estos no suben"-
-"Si es que no tienen ni .... idea"-
-"Bla, bla, bla, ....."-
Va por todos los que "apoyaron" a su manera. Sin embargo me gustaría que supieran lo siguiente:
"Seguir a este equipo en la salud y en la enfermedad, como hemos hecho y seguiremos haciendo, no es una obligación. Es un privilegio, es un deber y es nuestra vida".
Fernando Ornat
El principito an autre fois

Foto de Castán de Biel
El otro día recordé la historia del principito, en concreto lo que el zorro le enseñaba sobre lo necesario que era comprender que lo esencial solía ser invisible y que sólo se "veía" bien con el corazón, de la importancia de los pequeños detalles, de los ritos, de la domesticación.
La enseñanza del zorro sobre lo importante que es ver con el corazón no deja de ser, a mi entender, una forma metafórica de plantear lo necesario que es permitir a eso que llamamos intuición desempeñar su trabajo, o como suelen explicar los neurocientíficos, dejar que nuestro inconsciente, la parte de nuestro cerebro que realiza potentes procesos no dominados por nuestro lado racional y consciente, tome las riendas en ocasiones y tomemos (o tome) decisiones que tan solo en apariencia resulten ser impulsivas o poco meditadas. Lo importante que es a veces no disponer de mucha y, a veces, distorsionante información para tomar una decisión y el dejar, a veces, en silencio y a un lado a nuestro yo racional, el que suele navegar entre lo superfluo, en un mar de apariencias, equidistante con los convencionalismos sociales, en el que dirán si hago o dejo de hacer, en el trabajo, en la familia, con los amigos,.....
A lo mejor, el "corazón" que distingue lo esencial de lo accesorio está en el cerebro, en nuestra parte inconsciente, la que con más facilidad y frecuencia, si la dejamos actuar, nos puede hacer felices. Habría que aprender a permitir que esa parte actúe en más ocasiones o, más bien y como dice el genial Eduard Punset, desaprender a comportarnos como dictan los convencionalismos sociales y sus modernos códigos.
¿Nuestro auténtico yo, nuestro espíritu, reside en la parte del cerebro encargada de los procesos inconscientes o, por contra, está en el cerebro consciente?
Ristorante Gibellini
No hice la foto, pero estaba allí. Es evidente para un agudo observador. Quería escribir sobre los detalles y enseguida me vino a la mente este pequeño restaurante situado en una esquina de una remota ciudad en el país de los pájaros de colores. Pequeño, sencillo, mimetizado con un entorno urbano añejo y decadente. Testigo de épocas de explendor colonial, de tráfico de mercancías y viajeros, buscadores de mejor fortuna, entre uno y otro lado de la desembocadura del río de la plata.
La ciudad y sus calles destilan aromas de épocas pasadas y sus habitantes, algunos inspirados por espíritus que habitan por diferentes rincones, se dejan llevar. Algunos, como el Sr. Gibellini, no tienen nada más que ordenar los recuerdos y limpiar el polvo de algunos objetos, colocarlos en la pared y ponerse a hacer lo que aprendió de niño en esa misma ciudad, al lado de su abuela. Amasar, raviolis, raviolones y ñoquis los últimos jueves de cada mes. Como si nada, sin esfuerzo, con cariño.
Dispone en la pared trozos de historia de su vida, de la de otros, de la ciudad, de los que pasaron, de los que se quedaron, y algunos para siempre. Aunque solo tenga tres comensales esa noche los trata como si fuera la última comida que preparase, la muchacha es adiestrada con infinita ternura no a servir a los clientes, sino a contagiar el espíritu de ese lugar, a ser una extensión viva del restaurante. Nace un vínculo entre el viajero y la ciudad.
Todo basado en el amor por el detalle, sin dejarse llevar por lo prescindible, por lo superfluo. Con orgullo y pasión. Como personas.
La misión Kepler a la búsqueda de planetas como el nuestro
Un cohete Delta II puso en órbita desde cabo Cañaveral el pasado 6 de marzo a la sonda Kepler de la NASA. Su misión consistirá en buscar planetas como la tierra que orbiten en zonas habitables alrededor de sus estrellas. Un planeta orbitando en una zona habitable de una estrella tendría una temperatura en la superficie capaz de mantener agua líquida, un ingrediente esencial para la vida, como bien sabemos. O como la conocemos, añadiría yo. Para encontrar planetas como la tierra, el telescopio de la Kepler dispondrá de una cámara super sensible que examinará un rico campo de estrellas cerca del plano de nuestra galaxia. Localizado en la constelación del Cisne, el campo visual accesible a la Kepler permitirá monitorizar el brillo de infinidad de estrellas de nuestro "vecindario" y detectar leves variaciones que puedan deberse a potenciales planetas como la tierra que crucen orbitando frente a sus soles.
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| Para lograr esta proeza, Kepler usará la cámara más grande que jamás se haya lanzado al espacio; un instrumento que posee 95 megapíxeles y 42 "dispositivos de carga acoplada" (CCDs). Plano focal del vuelo de Kepler completado, con los 42 dispositivos de carga acoplada y, en las esquinas, 4 dispositivos para realizar ajustes finos. |



