El gran incendio de Londres de 1666

Great fire London

Las autoridades estaban alerta ante los "vientos belgas", pues Inglaterra estaba en guerra con Holanda y la dirección del viento favorecía el ataque desde el otro lado del mar. En la madrugada del 2 de septiembre se incendió la casa del panadero real, en Pudding Lane, y el fuego se propagó a una posada cercana. A las tres de la mañana, el fuego, avivado por el viento, se extendía hacia el oeste. Las llamas envolvieron la primera de las ochenta iglesias que serían destruidas esa noche. El excelentísimo alcalde de Londres observó el fuego y, restando importancia al episodio, dijo: "Bah, hasta una mujer podría apagarlo con su orín". El funcionario volvió a su cama mientras ardían más de trescientas propiedades. Por la mañana, el fuego se propagaba por los almacenes de madera del lado norte del río. Se echaron abajo docenas de casas con la esperanza de evitar el alcance de las llamas. Enormes llamaradas alcanzaban los tejados y corrió el rumor de que los holandeses habían iniciado el incendio. Los coches de bomberos quedaban atascados en los callejones angostos de la capital. Samuel Pepys recorrió la ciudad: "las calles están llenas de gente y de caballos y carros cargados de mercancías a punto de tropezar unos con otros y todo el mundo está quitando muebles quemados del interior de las casas". Cientos de barcazas y botes cargados con utensilios de los hogares pululaban en el Támesis. Pepys describió el fuego del atardecer como "un único arco de fuego (....) de más de una milla de longitud. (....) Las iglesias, las casas, todo era presa del fuego; las llamas hacían un ruido espantoso y las casas crujían mientras eran destruidas".

El gran incendio de Londres se propagó, descontrolado, durante tres días, atravesando la ciudad y destruyéndolo todo a su paso. El rey Carlos II en persona participó en las tareas para apagar el incendio. El 5 de septiembre, el viento del noreste amainó por fin, pero el fuego siguió vivo hasta el sábado siguiente. En medio de un paisaje desolador, Pepys, exhausto, describió: "Los callejones estaban llenos de escombros; era imposible reconocer los lugares por los que uno pasaba de no ser por las ruinas de alguna iglesia o residencia con algún rasgo arquitectónico peculiar, como una torre o un pináculo que hubiera quedado en pie". Los peritos de la ciudad estimaron los daños: 13.200 casas destruidas en más de 400 calles o pasajes; de un total de 600.000 habitantes, 100.000 personas sin hogar. Llama la atención que sólo fallecieran cuatro personas en el incendio. La primera lluvia cayó, después de muchas semanas, el domingo 9 de septiembre, y en octubre llovió durante 10 días seguidos. A pesar de eso, y durante muchos meses, las brasas que quedaron en los escombros se encendían de vez en cuando.

Nadie pensó en la sequía prolongada y en los vientos del noreste como responsables de que Londres se hubiese convertido en un polvorín; toda la culpa recayó en el alcalde. El 10 de octubre fue declarado Día de la Humillación, jornada que se reservó para hacer ayuno. En todo el país se celebraron servicios religiosos para pedir el perdón de Dios, en especial por los "pecados condenables de la nación que han provocado este último y merecido juicio". La ciudad fue reconstruida conservando el plano urbanístico anterior, pero con una diferencia recogida en una nueva ordenanza: todos los edificios debían ser de ladrillo o piedra.

Extraido de: La pequeña edad de hielo. Cómo el clima afectó a la historia de Europa 1300-1850 (pp. 196 y ss.). Brian Fagan. Gedisa editorial. 2008 Barcelona.

22/05/2009 21:17 Autor: Castán de Biel. Enlace permanente. Tema: Viajes.

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