Ristorante Gibellini
No hice la foto, pero estaba allí. Es evidente para un agudo observador. Quería escribir sobre los detalles y enseguida me vino a la mente este pequeño restaurante situado en una esquina de una remota ciudad en el país de los pájaros de colores. Pequeño, sencillo, mimetizado con un entorno urbano añejo y decadente. Testigo de épocas de explendor colonial, de tráfico de mercancías y viajeros, buscadores de mejor fortuna, entre uno y otro lado de la desembocadura del río de la plata.
La ciudad y sus calles destilan aromas de épocas pasadas y sus habitantes, algunos inspirados por espíritus que habitan por diferentes rincones, se dejan llevar. Algunos, como el Sr. Gibellini, no tienen nada más que ordenar los recuerdos y limpiar el polvo de algunos objetos, colocarlos en la pared y ponerse a hacer lo que aprendió de niño en esa misma ciudad, al lado de su abuela. Amasar, raviolis, raviolones y ñoquis los últimos jueves de cada mes. Como si nada, sin esfuerzo, con cariño.
Dispone en la pared trozos de historia de su vida, de la de otros, de la ciudad, de los que pasaron, de los que se quedaron, y algunos para siempre. Aunque solo tenga tres comensales esa noche los trata como si fuera la última comida que preparase, la muchacha es adiestrada con infinita ternura no a servir a los clientes, sino a contagiar el espíritu de ese lugar, a ser una extensión viva del restaurante. Nace un vínculo entre el viajero y la ciudad.
Todo basado en el amor por el detalle, sin dejarse llevar por lo prescindible, por lo superfluo. Con orgullo y pasión. Como personas.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: Marcelo
Fecha: 23/11/2009 01:10.
![]()
Autor: Castán de Biel
Fecha: 23/11/2009 10:08.

